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TABLERO |
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Sesenta y cuatro instantes |
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De luz y de sombra |
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Donde nadie |
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Es invicto |
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Almas que han perdido |
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El don de servir a Dios |
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En el sueño |
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Les robaron el porvenir |
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CORCELES |
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Lo llevó a obrar la oscura noche, |
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Que hace dar de lo que no se tiene |
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Y tomar de lo que no hay. |
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El amigo que dormía despertó tras el
ruido |
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que hicieron las figuras al caer de la
bolsa. |
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Un trabajado madero lo aguardaba en
silencio. |
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Las viejas piezas iniciaron la función |
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Ante esos ojos que no descifraban el
rito, |
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Nada sabían de lances ni batallas. |
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Después de las palabras |
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Las manos simularon entender el
misterio, |
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La mente fue presa de pasión y de
locura, |
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Extático como arcano, el secreto |
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Fue demonio que exhibe un rostro, |
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Cabeza de hidra jamás segada. |
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Olvidaron sus cuerpos, |
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Persistió el deseo, |
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El recuerdo del día. |
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El corazón se agitó |
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Cuando un audaz corcel |
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Inclinó la victoria hacia el soberano, |
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Vuelve la noche y con ella algo perece, |
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Que desde el nacimiento aguardó el
instante. |
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Queda la nostalgia de ese caos y de un
orden |
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Donde azar es palabra, ignorancia que
se cura |
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Héctor
Álvarez Castillo |
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