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MATE AHOGADO |
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Carl Schlechter, 1874-1918 |
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Quiero pasear con Carl Schlechter |
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en el novecientos, bajar por una calle de
piedra. |
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El sol se acaramela. Desde alguna ventana |
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un piano suena suave, y los ojos tristes
de Carl |
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se encienden un poco. Le pregunto por su
ajedrez, |
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por qué siempre ofrece tablas, |
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y el se encoge de hombros. Las palomas
blancas se amontonan |
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en los alfeizares. “Odio esa mirada en
los ojos de los hombres |
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cuando pierden”. Lo amo.
Compramos cerezas |
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en un puesto, guindas, oscuras, medio
amargas, |
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y las comemos juntos. Lo beso, |
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probándolas en su boca. Quiero contarle |
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"Carl, te estás muriendo de hambre, a los
cuarenta y cuatro, |
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y podrías ser campeón del mundo. Juega a
ganar." |
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Pero entonces el no sería quien es, |
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Y yo no habría hecho todo este viaje |
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desde el siglo siguiente para tomarle las
manos |
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al maestro entablador, observarlo, |
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con leve inclinación, escuchando la
quietud de las palomas, |
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uno a uno, en un sueño. Gentilhombre;
gentil. |
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SHEENAGH PUGH |
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(traducción de Fernando Pedró) |
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