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LA LEYENDA DEL AJEDREZ
Érase un
gran sultán, necio, indolente,
que, implacable y potente, gobernaba
un imperio fecundo de Occidente,
que medroso y sumiso le temblaba.
Un súbdito, filósofo eminente,
cuyo nombre era Sissa, se propuso
corregir al monarca omnipotente,
y un talento genial en la obra puso.
Inventó un
noble juego a tal efecto,
donde el Rey mantenerse no podía
sin la ayuda servil de sus adeptos,
que en el trance más cruel lo defendían.
Reflexionando el Rey sobre este juego
comprendió la verdad tan soberana,
y en adelante gobernó a su pueblo
con la paz y justicia más humana.
Llamó al
autor genial de tal invento
y un premio le ofreció con insistencia;
y el brahmán, de ingenioso pensamiento,
le pidió la siguiente recompensa:
un granito
de trigo en un escaque,
dos al otro después, cuatro al tercero,
y así seguir doblando cantidades,
hasta agotar los cuadros del tablero.
Presuroso
el benigno soberano
ordenó a sus ufanos tesoreros,
que se dieran al sabio tantos granos
como arrojara el cálculo certero.
Fue
tremendo su asombro y su sorpresa,
cuando ya disponiéndose a pagar,
vio que no había trigo en tanta escala,
¡ni quién pudiera leer tal cantidad!
Esta sabia
leyenda, me ha contado
con su estática y cándida mudez
alguien que dice haberla presenciado:
¡un peón milenario de Ajedrez!...